Antequera.-

Datos de interés
Superficie: 810 Km²
Número de habitantes: 40.000
Gentilicio: Antequeranos
Monumentos: Iglesia de San José y Belén; Colegiata Santa María la Mayor; Palacio de Nájera; el Dólmen de Menga
Situación geográfica: Situada a 45 kilómetros de Málaga, en el centro de la Vega de Antequera.
Información turística: Oficina Municipal de Turismo, Pza. de San Sebastián, 7. 29200.Tlf: 952 702 505 Fax: 952 702 50

Antequera dista de Málaga unos 45 kilómetros y llegamos a ella a través de la salida de la capital por la autovía de Las Pedrizas. Tras hacer un trayecto de unos treinta minutos el Valle se rinde a nuestros pies. Veremos una gran vega llena de plantaciones y cortijos típicos andaluces rodeados de cultivos de cereal y hortalizas. La entrada a Antequera se sitúa cerca de la Peña de los Enamorados. Sus más de 800 Km2, que la convierten en la localidad más grande de la provincia, se extienden desde el centro de la comarca que lleva su nombre hasta los lindes con la provincia de Córdoba al norte, y con las inmediaciones de los Montes de Málaga, al sur.
De las sierras de alrededores, cabe destacar la sierra de El Torcal, en la que las formaciones de montañas calizas transformadas por la erosión climatológica, y por el paso del tiempo la convierten en un paisaje fantástico y único, digno de ver en cualquier época del año, a lo que hay que añadir que en sus parajes se han encontrado fósiles de conchas y seres marinos de hace millones de años. Y la Peña de los Enamorados, que lo hemos dejado atrás en la entrada, emerge sobre la llanura, sugerente, lleno de leyendas históricas. La más conocida, cuenta que a los pies del Peñón yacen los cuerpos de dos amantes, mora ella y cristiano él, que huyendo de sus familias llegaron a la cima de la montaña y al no encontrar escapatoria se lanzaron los dos al vacío.
Cierto o no, la presencia de esta elevación, bordeada por el río Guadalhorce despierta la curiosidad de todos los visitantes.
La ubicación privilegiada de Antequera, en el centro geográfico de Andalucía, la ha convertido en una de las capitales más importantes entre la Alta y la Baja Andalucía, entre Granada y Sevilla. En la actualidad, Antequera es una ciudad moderna, con una gran variedad de ofertas y servicios. Al mismo tiempo, la riqueza monumental, artística e histórica la convierten en una localidad de obligada visita en la que podemos estudiar prácticamente todas las etapas y civilizaciones de la cuenca mediterránea.
En su término municipal, encontramos restos de asentamientos de la Edad de Bronce, como los dólmenes de Menga, Viera y el Romeral, con construcciones funerarias de primer orden. Se cree, que hubo poblaciones de iberos, tartesos, fenicios y cartagineses. De estos últimos han sido hallados vestigios en Cerro León, donde se sitúa la batalla entre los cartagineses de Asdrúbal y las legiones romanas. Más tarde, los árabes bautizan a esta ciudad como Medina Antecaria. Tras la conquista de Sevilla y Jaén, Antequera adquiere un gran valor estratégico y comienza a tener importancia como fortaleza militar fronteriza. En 1410, es conquistada por el infante Don Fernando, quien pasa a la historia con el nombre de Don Fernando de Antequera.
El siglo XIX fue nefasto para la ciudad. Diezmada por la invasión napoleónica y por las epidemias de fiebre amarilla (1804) no se recupera hasta la década de 1830, cuando surge una burguesía que favorece la expansión y la industrialización basada en la actividad textil. Pero este sector sufre la crisis de principios del siglo XX.
En la actualidad, Antequera se presenta al visitante como una ciudad moderna, en la que la historia y el progreso se funden en su imagen y en la mentalidad de todos sus vecinos.
Ver Antequera en un solo día es imposible. En el libro "Guía Artística de Antequera", del historiador Jesús Romero, registra tan sólo 43 monumentos de interés para el visitante. De ellos, 25 son iglesias, conventos y edificios ligados de una u otra manera a órdenes religiosas, que no en vano más de la mitad del patrimonio de la Diócesis malacitana se halla en Antequera.
Así, se puede pasar desde la iglesia más antigua de la ciudad, la de San Francisco, de estilo gótico tardío, fundada por una real cédula de los Reyes Católicos de 1500, hasta la, sin lugar a dudas, joya renacentista antequerana: la Real Colegiata de Santa María la Mayor, construida en parte con los sillares de la romana Singilia Barba, cuyos restos se encuentran a escasos kilómetros de la ciudad.
A los pies del castillo árabe se accede a la Colegiata por el Arco de los Gigantes. El arco está decorado con los restos romanos que fueron apareciendo en la renacentista Antequera "para que pueda verse por todas las personas que a esta ciudad vinieren", según dictamen del cabildo de mayo de 1585. A través de este arco se puede apreciar la torre de la iglesia de San Sebastián, coronada por su característico angelote a modo de celestial veleta.
Lo que puede parecer un exceso de localismo queda desechado al visitar la iglesia del Carmen, que se empezó a construir a finales del siglo XVI. Declarado monumento histórico-artístico nacional, el templo carmelitano cobija en su capilla mayor tres retablos; el central es uno de los ejemplos de la retablística barroca andaluza del siglo XVIII.
Desde la plaza de esta iglesia, como de otros puntos de la ciudad, se puede divisar una obra de la naturaleza que domina toda la fértil vega: la citada Peña de los Enamorados. La ciudad esconde otros tesoros que no suelen aparecer en las guías al uso y que sólo es posible encontrar con dedicación y sin prisas: su patios. Herederos de la tradición romana y árabe al viejo impluvium deben su traza rectangular y a los musulmanes el amor al agua y a las plantas, cuyo riego es un pretexto más para esparcir con sabiduría el preciado líquido, los patios antequeranos han acabado por adquirir a lo largo de los siglos una personalidad propia.
Al sur de la ciudad, escondido detrás de la sierra que la arropa, el mismo cataclismo de plegamientos de los fondos marinos que acabó con los dinosaurios que tanto dólar han generado últimamente dio lugar a una de las formaciones cársticas más importantes de Europa: El Torcal de Antequera. De sus entrañas ha salido buena parte de la piedra con que se ha tallado la ciudad.

FIESTAS
Una de las fiestas más veneradas y tradicional en Antequera es su Semana Santa. El fervor de los vecinos y la belleza de los pasos, la mayoría de ellos originiarios del barroco, la convierten en una de las más interesantes de toda Andalucía. También son muy populares la Feria de la Primavera (entre finales de mayo y principios de junio), que sirve de preparación para la Real Feria de agosto, que atrae a visitantes de toda la región. Ambas tienen en común la celebración de corridas de toros con los mejores carteles del momento.
GASTRONOMÍA
La calidad de la cocina de Antequera lleva a dar su nombre a dos comidas muy conocidas y apreciadas en toda la comarca y fuera de ella. Hablamos de la porra antequerana, crema de consumo veraniego por excelencia, elaborada a base de pan, tomate y pimiento, entre otros ingredientes; tras el que podemos probar un bienmesabe, un dulce que con ese nombre poco queda que decir de él. Pero siguiendo con los platos con denominación antequerana no podemos olvidar su archiconocido mollete, bollo de pan ideal para los desayunos, con embutido o con aceite de oliva, también del terreno. En este caso estamos hablando de un lujo que podemos probar en pocos lugares.Y típicos de la época navideña son los mantecados y alfajores de fabricación artesanal.
DE TAPEO
Cierto es que si Antequera es el municipio más grande de la provincia de Málaga, así a lo largo del paseo tendremos que reto-mar fuerzas en más de una ocasión. Y al igual que existen las rutas artísticas y culturales, también podríamos establecer diferentes rutas para practicar el tapeo, con una oferta variada y de calidad. Podemos elegir entre el arroz guisado, la costilla, la porra, berenjena y guisado de patatas, entre otras. De herencia francesa, son el cocido con malvas y una clase de morcón con la lengua del cerdo embutida entre aromas de canela y clavo. Y como todo en esta tierra, la tapa también tiene su historia. El origen de este acompañamiento a la cerveza o al vino se debe a los arrieros y a un rey español. Las tabernas servían de parada de posta a los trabajadores del cam-po que descansaban en sus barras después de una dura jornada de trabajo. Como quiera que se juntaban el desgaste físico y los efectos de los licores, éstos acababan sin fuerzas para seguir adelante. Por ello, a un rey español se le ocurrió imponer como acompañamiento a las copas de los vinos una porción de sólidos para que el alcohol se quedara en el estómago y no se subiera a la cabeza. El cumpli-miento de esta orden se llevaba a cabo con chacina en rodaja o loncha, sobre el borde del vaso, lo que posteriormente, dio nombre a "la tapa".